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14 de febrero de 2016

TODO EL CEREBRO ESTÁ DEDICADO A LA MÚSICA


“Todo el cerebro está dedicado a la música”

Robert Zatorre: catedrático de Neurología y Neurocirugía de la Universidad McGill

El argentino Robert Zatorre es cofundador del laboratorio de investigación Brain, Music and Sound(BRAMS) en Canadá y uno de los mayores expertos mundiales sobre cómo el cerebro procesa la música y produce emociones. De joven quería ser organista pero se dio cuenta que sería mejor científico. La canción del verano no le llama mucho la atención.

        <p>Robert Zatorre: catedrático de Neurología y Neurocirugía de la Universidad McGill. Imagen: SINC</p>
Robert Zatorre catedrático de Neurología y Neurocirugía de la Universidad McGill. Imagen SINC

¿Por qué hacemos música?
No tenemos la respuesta. Pero junto con el lenguaje, es una seña de identidad de todo ser humano.
¿Y es exclusiva de los seres humanos?
Totalmente. Hay algunos especialistas que hablan de música para referirse al canto de los pájaros, pero yo creo que no es lo mismo. La canción de las aves tiene como función la defensa del territorio y, que yo sepa, nadie se pone música en su casa con el objetivo de ahuyentar al vecino. Además, desde un punto de vista neurológico, el cerebro de los pájaros y el de los mamíferos no tiene nada que ver. Ni siquiera el cerebro de animales más cercanos a nosotros, como el chimpancé, tiene ninguna función musical.
¿Qué funciones tiene?
Muchas y muy valiosas. Para empezar es universal. No existe ni ha existido cultura humana que no tenga música. Pensemos en bodas, fiestas, entierros… Es impensable que exista un rito social o un momento importante en la vida sin música. Su función principal es la de cohesión social ya que a través de ella el grupo se siente unido en un acto o en un estado de ánimo, como pasa con los himnos nacionales y de fútbol. Otra función no menos importante es la del vínculo emotivo que crea entre la madre y el hijo. La música modula el estado de ánimo de un bebé ya que este responde muy temprano a ritmos y armonías.
¿Así como el lenguaje tiene áreas especializadas en el cerebro, la música también?
No me gusta hablar de zonas especializadas porque creo que todo el cerebro está dedicado a la música. Pero sí hay algunas. Por ejemplo, con técnicas de neuroimagen hemos observado neuronas en la corteza auditiva que responden a la altura tonal. Los pacientes con lesiones en esta región tienen ‘amusia’, se dan cuenta del volumen y la duración de una nota, pero no del tono. No reconocen las canciones y no saben por qué a la gente le gusta tanto la música.
“La mente predice la nota que viene y evalúa si es la esperada, entonces hay dos ‘disparos’ de dopamina, la molécula del placer: el primero, durante la tensión de un acorde, y el segundo en su resolución”
¿Alguna región ‘musical’ más?
En paralelo con la zona de Broca, relacionada con el lenguaje, existe una región frontal que es muy importante para unir los sonidos en el tiempo. Para entender una canción es necesario un circuito que establezca relaciones entre las distintas notas. El cerebro trabaja con la música igual que con el lenguaje. Los sonidos individuales no representan nada, pero sí la relación entre ellos: las notas forman acordes, que forman melodías, que forman temas…
En lenguaje tenemos estructuras comunes en todos los idiomas. ¿Pasa lo mismo en la música?
Existe la sintaxis musical. En lenguaje hablamos de probabilidades en el sentido de que uno puede predecir de antemano cuál va a ser la siguiente palabra de una serie. Por ejemplo, si yo digo “Tengo mucha sed y me gustaría una copa de…”, existen varias opciones para completar la frase, pero la palabra “perro” no está entre ellas. En música pasa lo mismo. Si yo toco cuatro acordes, el quinto no puede ser cualquiera. Depende del que yo elija, tú me dirás sin dudar: “Te has equivocado”. Esto sucede en todas las culturas, pero es específico de cada una de ellas, ya que la sintaxis es particular de cada sistema musical.
En su último estudio usted afirma que cuando escuchamos música estamos continuamente creando expectativas. Y que si estas se materializan, nos produce placer.
La investigación de mi grupo se centra en las emociones musicales. Nuestra mente está continuamente haciendo predicciones de la nota que viene y evaluando si se corresponde o no a lo esperado. Hemos descubierto que estas dos fases se relacionan con dos ‘disparos’ de dopamina, la molécula del placer, en distintas zonas del cerebro. El primero sucede durante la tensión de un acorde, y el segundo en su resolución, que es cuando llega el placer.
¿Además de provocar placer, la música tiene alguna aplicación como terapia?
Sí y además hay mucho interés en este tema. Por ejemplo en pacientes con afasia, que tienen problemas para hablar a causa de una lesión cerebral. Se ha demostrado que cantando les salen las palabras que no les salen hablando. También se aplica a enfermos de Parkinson, a quienes les cuesta mucho empezar y continuar una acción, como por ejemplo caminar. Una estrategia muy fácil para ayudarlos es ponerles música con mucho ritmo y esto les facilita enormemente el movimiento.
“El cerebro trabaja con la música igual que con el lenguaje y existe una sintaxis musical particular para cada cultura”
¿Y a qué es debida esta mejora?
El sistema motor y el auditivo tienen una conexión muy particular, por eso el baile va de la mano de la música en todas las culturas. También los soldados marchan con más facilidad siguiendo un ritmo. Esta conexión no existe entre el sistema motor y la visión. Si miras el péndulo de un reloj no te pones a moverte de lado a lado sin querer, pero cuando escuchas música tu cuerpo reacciona de manera inevitable.
¿La conexión entre el sistema motor y el auditivo es la responsable de que podamos tocar instrumentos?
Los dos sistemas han de estar finamente sintonizados para poder hacerlo. Lo maravilloso es que para llegar a este nivel se producen cambios tanto en la función como en la anatomía del cerebro: se crean nuevas conexiones neuronales. Esta habilidad del sistema nervioso de cambiar su estructura según las necesidades la llamamos plasticidad cerebral. Ya lo predijo Ramón y Cajal en 1908 sin ninguna prueba, pero ahora lo podemos medir y observar sin cortarle la cabeza a nadie. Sabemos que un músico tiene ciertas regiones del cerebro más desarrolladas de lo normal.
¿Es cierto que los ciegos oyen mejor?
Algunos sí que tienen las funciones musicales y de percepción del sonido en el espacio más desarrolladas. Es un ejemplo increíble de plasticidad porque en estos individuos hay una reorganización cerebral masiva y la región dedicada a la vista se dedica a procesar el sonido. Esta región visual que no recibe ningún estímulo, en vez de atrofiarse o morir, se reaprovecha para nuevas funciones.
¿Esto puede tener repercusión terapéutica?
Ahora estamos estudiando cómo, dónde y por qué ocurre esto. Si podemos comprenderlo en los ciegos, tal vez lo podamos aplicar a pacientes con otros trastornos neurológicos. Quizás en 10 ó 20 años podamos reentrenar regiones averiadas y hacer que retomen su función.
Zona geográfica: España
Fuente: SINC

Marta Palomo

27 de enero de 2016

LA MÚSICA COMO ELEMENTO DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL



   Desde este blog, me ha parecido interesante contribuir a la celebración del DÍA DE LA PAZ con este vídeo que, entre otras cosas, nos invita a reflexionar sobre lo mucho que tenemos - y no valoramos-, y lo poco que tienen millones de personas. Sin embargo, en medio de la miseria material pueden crecer flores cuando la gente se ilusiona con algo, en este caso con la música.

        

'Landfill Harmonic' es un documental sobre una orquesta musical de Paraguay, donde jóvenes músicos tocan instrumentos creados a partir de basura.

Cateura, Paraguay, es una pequeña localidad prácticamente construida en el vertedero con un elevado nivel de pobreza y delincuencia juvenil.

El director de orquesta Szaran y el profesor de música Fabio idearon un programa educativo musical para los chicos de Cateura, llegando a tener más alumnos que instrumentos musicales.Sin embargo, la situación cambió  cuando idearon un violín hecho con residuos. Actualmente, todos los músicos tocan con instrumentos procedentes del reciclaje y se hacen llamar "La orquesta reciclada".

Este documental muestra como la basura puede transformarse en un objeto útil capaz incluso de producir música y cambiar las vidas de los habitantes de este lugar.


Para que haya paz en el mundo,
debe haber paz en las naciones.
Para que haya paz en las naciones,
debe haber paz en las ciudades.
Para que haya paz en las ciudades,
debe haber paz entre los vecinos.
Para que haya paz entre los vecinos,
debe haber paz en las casas.
Para que haya paz en las casas,
debe haber paz en los 
corazones.

Anónimo

23 de septiembre de 2015

TERESA BERGANZA: DECÁLOGO DEL BUEN MÚSICO


        " LA CULTURA HACE A UN PUEBLO"

  Aquí les dejo el video de la CONFERENCIA INAUGURAL DE LOS CURSOS DE VERANO 2015, de la Fundación Princesa de Asturias, que ofreció la mezzosoprano española, TERESA BERGANZA.
La conferencia merece la pena ser oída desde el principio hasta el fin, ya que se tocan aspectos tan importantes como la sensibilidad, el valor del esfuerzo, el valor del estudio, la importancia de la enseñanza musical en la escuela, el valor de la cultura,...
 
                   "El ruido que sobrevuela este mundo es uno de los mayores enemigos del artista" 

                    


   Si PICAS podrás escuchar a Teresa Berganza interpretando la Habanera de la ópera "Carmen, de Bizet.


                                     

29 de enero de 2015

BENEFICIOS DE ESTUDIAR MÚSICA


  LOS BENEFICIOS DE ESTUDIAR MÚSICA
  Desde que el Blog Rincoanda empezó su andadura, en diversas ocasiones hemos dedicado una entrada a hablar de lo beneficiosa que es  la música para el ser humano.
 Hoy les dejo distintos enlaces que hablan de esos beneficios.

  1. Aprender a tocar un instrumento de pequeño ayuda a mejorar nuestra funciones ejecutivas. Hospital Infantil de Boston
  2. La habilidad rítmica está relacionada con el lenguaje. Northwestern University
  3. Puede combatir el déficit de atenciónUniversidad de Graz
  4. Mejora la memoria a largo plazo. Universidad de Texas en Arlington
  5. Cura el tinnitus (molesto pitido continuo relacionado con la pérdida de audición), o al menos lo mejora. Universidad de Münster
  6. La música puede varias profundamente el cerebro. Este artículo lo puedes leer en:
http://www.lavanguardia.com/lacontra/20110817/54201280756/la-musica-puede-variar-profundamente-el-cerebro.html
      
      7.  Recibir clases de música en la infancia ayuda a que el futuro anciano disfrute de un mejor funcionamiento cognitivo. Este artículo lo puedes leer en:

http://www.consumer.es/web/es/salud/prevencion/2012/07/22/210862.php
        
         8. La música provoca respuestas intensas en enfermos de Alzheimer.Este artículo lo puedes leer en:
http://www.consumer.es/web/es/salud/prevencion/2011/05/30/200880.php

          9* CINCO BENEFICIOS DE APRENDER MÚSICA,Suzuki

Autor: Eduard Punset 17 marzo 2013," LA MÚSICA SIRVE PARA ALGO Y EL RESTO, PARA CASI NADA".
Es fantástico que la ciencia empiece a estudiar la raigambre social de la música. ¿Hay algo que se pegue más que una buena melodía? Lo único que sabemos a ciencia cierta de ella –y ha estado con nosotros desde los orígenes de las primeras tribus humanas– es su universalidad. Parisienses y cameruneses, mayores de edad y niños, todos parecen emocionarse con tonos y tiempos parecidos. No me digan que no resulta increíble que unos y otros coincidan en hurgar en cierta armonía, en un acorde, fruto de darle a una octava, mientras interpretan como discordia, o en todo caso como una señal de tristeza, una melodía demasiado lenta.
Lo único que conocemos de la música es su universalidad… y que se trata de un evento social. Yo no conozco nada que pueda mantener unido a un colectivo durante tanto tiempo; tal vez la religión o el credo político. Ahora bien, lo curioso es que tanto la religión como la política van a menos, mientras las melodías van a más.
Justamente, quizá sea esta falta de utilidad concreta de la música lo que la hace tan querida por todo el mundo. El lenguaje parecería seguirla en cantidad de devotos, aunque por razones muy distintas: todas las personas se precian de poder hablar y transmitir un pensamiento a los demás. A los neurólogos del futuro les corresponde detectar si la diferencia entre el lenguaje musical y el hablado es tan grande como parece: el primero no parece transmitir gran cosa, mientras que el segundo tiene utilidades: entenderse, concentrarse y encaminarse a la consecución de un objetivo determinado.
¿Pero y si las diferencias no fueran tan nítidas? En los laboratorios se está demostrando con simios y humanos que los recuerdos son mucho más frágiles de lo que se pensaba; la gente tiende a tergiversarlos con una facilidad extrema y a decir ‘Diego’ donde dijo ‘digo’. Además, resulta que los procesos cognitivos del cerebro son tan complicados que ahora sabemos a ciencia cierta que el inconsciente decide por nosotros unas milésimas de segundo antes de que nosotros resolvamos, de forma consciente, comer o no hacerlo, ir a la derecha o a la izquierda, olvidar una idea o recordarla.
¿Y si resultara que la música hubiera precedido al lenguaje, pero que este último hubiera conservado la herencia genética de la primera? Y que ni una ni otro sirven para gran cosa. Desde luego, cada vez está más claro que más y más gente se arrima a la música, mientras que aumenta continuamente el número de los que desconfían del lenguaje. Yo siempre digo que un idioma no sirve para entenderse –eso hay que dejárselo al cuerpo y al movimiento–, sino para engañarnos unos a otros; para hacer creer a los demás lo que queremos que crean.
Algún científico por ahí en el mundo me intentaba convencer de que, al contrario de lo que decía el filósofo griego Platón, el pensamiento no era lo más importante, sino el movimiento. Que el cuerpo había conseguido tales argucias y adelantos que el lenguaje o el pensamiento solo se necesitaban para poder acompasarlos, para instrumentarlos. ¿Se han parado a pensar mis lectores en lo inverosímil que resulta –por favor, que me corrijan los matemáticos– la teoría del equilibrio de los animales bípedos, como nosotros? Ni Dios sabe todavía qué es lo que nos permite andar con solo dos piernas sin perder el equilibrio, teniendo que sortear –como nos toca hacer– tantos vericuetos y curvas enrevesadas.
Ya no digamos lo que hacen algunos músicos con el juego mágico de sus dedos interpretando al piano una de las piezas de Mozart. ¿Se han fijado en cómo mueven de memoria sus dedos sin que les tiemble el pulso y respetando siempre la melodía que nos embelesa? A lo mejor lo único que importa es, justamente, lo que nos embelesa: sentir que formamos parte de la manada, empatizar con los demás. A lo mejor la música sirve para algo y el resto, para casi nada.
- See more at: http://www.eduardpunset.es/19955/general/la-musica-sirve-para-algo-y-el-resto-para-casi-nada#sthash.XPMdknEl.dpuf


*EL SENTIDO DE LA MÚSICA (del programa de TV "REDES") por PUNSET, El sentido de la música

* "El cerebro musical"- Sting, el cerebro musical


                                                         ........................

 UNA DOCENA DE RAZONES POR LAS QUE LOS NIÑOS DEBERÍAN ESTUDIAR MÚSICA; artículo de Eduard Ruano(6/05/2013) .
Entre las actividades extraescolares más clásicas destaca, además de los deportes, la música. Generaciones de niños han pasado por escuelas de música y conservatorios para ocupar sus tardes aprendiendo a tocar un instrumento. Se trata de una actividad que compagina su vertiente más lúdica con unos estudios paralelos a la tarea escolar, que generalmente se añaden a los deberes ordinarios, por lo que requiere de grandes dosis de motivación (de los niños que deben aplicarse a ello y de los padres y madres que han de apoyarles). Esta carga extra puede provocar reticencia y rechazo tanto de unos como de otros.
Pero las ventajas de emprender estudios musicales son muchas más que los inconvenientes:

1. Desarrollo de la psicomotricidad

Para tocar un instrumento lo primero es conseguir que suene ya sea soplando, frotando un arco, pulsando una tecla o rasgando una cuerda. Una vez conseguido esto, el siguiente paso es dar “forma” al sonido y tocar notas concretas accionando los mecanismos necesarios. Todo ello mientras se lee la partitura. Un ejercicio de psicomotricidad de lo más completo.

2. Competencias en idiomas

Esa partitura de la que acabamos de hablar contiene instrucciones precisas sobre el ritmo, la altura, la duración, la velocidad, el carácter y la técnica precisa para tocar las notas; expresadas solamente con lineas, puntos, y algún que otro símbolo. Es como aprender a leer otro alfabeto, de la misma manera que si aprendemos ruso, griego o mandarín. Pero vamos más allá: la música tiene frases, sintagmas (semifrases) y palabras (motivos) que dan sentido al discurso musical, un auténtico sistema sintáctico que da coherencia a la música. Mientras aprenden música mejorarán su aprendizaje en conceptos propios de las lenguas y las competencias necesarias para aprehenderlas.

3. Pensamiento lógico

Especialmente en los primeros cursos -en los que se asimilan e interiorizan los conceptos básicos de la música-, las matemáticas y la lógica son fundamentales para comprender e interpretar el ritmo. Por eso, estudiar música desarrolla el razonamiento lógico-matemático y estructura los mapas mentales.

4. Pensamiento múltiple

Además de la psicomotricidad que mencionábamos para tocar el instrumento, hay que tener en cuenta que las notas deben sonar con la duración, afinación, intensidad, ritmo e intención que se nos pide en la partitura. O que nos pide el director. O nuestro compañero de atril. O todos a la vez.

5. Sensibilidad artística

Por encima de cualquier requerimiento técnico la música es un arte. Siendo así, tocar un instrumento desarrolla la creatividad a través de la experimentación, canaliza la exteriorización de los sentimientos y fomenta el desarrollo del criterio artístico.

6. Capacidad de autoescucha y reflexión

Es evidente que para dominar un instrumento hay que escuchar lo que se está tocando, analizarlo y corregir lo que sea necesario. Con el tiempo, el hábito de escucharse a uno mismo va más allá del instrumento y con ello el análisis y la reflexión de lo que nos decimos a nosotros mismos.

7. Empatía y habilidades sociales

Además de escucharse a sí mismo, para poder tocar en grupo es imprescindible escuchar a los demás, por lo que se desarrolla la empatía. Si el grupo es grande, como una banda o una orquesta, también se desarrollan las habilidades sociales necesarias para relacionarse con los demás miembros.

8. Educación en valores

Tocar con solvencia un instrumento no es fácil ni rápido. Requiere trabajo constante, esfuerzo y perseverancia; unos valores que la inmediatez de nuestro acelerado mundo parecen haber olvidado. Al mismo tiempo, tocando en público deberán superar sus miedos.

9. Autoestima

Los pequeños avances que día a día experimentará serán una fuente de satisfacción que gratificarán todo el esfuerzo invertido. A medio plazo el control sobre el instrumento será mayor, con lo que también crecerá la motivación y el perfeccionismo; al cabo de los años podrá mirar atrás y ver que ha merecido la pena y todo ha sido posible gracias a sí mismo.

10. Serán más responsables y cuidadosos

A excepción de los instrumentos más grandes (piano, órgano, clave, arpa, percusión, contrabajo…), cada estudiante utiliza su propio instrumento, tanto en el estudio personal como en clase. Los instrumentos musicales son delicados y por tanto requieren cierto cuidado en su manipulación y mantenimiento; en otras palabras: un instrumento necesita que seamos responsables y cuidadosos con él.

11. La casa será más alegre

Vale, un estudiante repitiendo hasta la saciedad la misma pieza (que encima suena desafinada) puede llegar a cansar, pero hay que reconocer que siempre da alegría a la casa (o al bloque de pisos, o a la calle entera…).

12. Queda muy bien en las celebraciones familiares

La escena de los más pequeños amenizando la velada con sus instrumentos es un clásico. Ellos contentos de demostrar lo que son capaces de hacer y los mayores babeando de verlo. Entrañable.
En definitiva, estudiar música es un ejercicio de los más completo, que ayuda a los más pequeños a desarrollar sus capacidades intelectuales, sociales y personales mientras se divierten. ¿Qué más se puede pedir?